Pasquale 03/04/2010

7º y último día de travesía por el Stelvio. Amanece con nubes y claros. Con un poco de pena, preparamos todas las cosas y nos despedimos de Claudio. Una parte del grupo se baja directamente al coche y otros vamos a hacer el Pasquale, subiendo por el glaciar de Cedec y bajando por el de Rosole hasta el refugio Branca, y luego al coche.


El sol apenas puede abrirse camino entre las nubes


Conforme vamos subiendo suavemente, se va cubriendo cada vez más. Vamos siguiendo huella (compartida con la del Cevedale) hasta llegar a la cota 3.100 donde nos surgen las dudas. Apenas hay visibilidad y Julio recuerda del día anterior que se giraba a la derecha. Nos encontramos a un trío que iban al Pasquale y se habían dado la vuelta. Nos dicen que vamos mal, que lo han visto peligroso y que se van hacia el Casati. Incluso nos proponen que les sigamos como queriendo cuidar de nosotros. Le pregunto si es guía de montaña y me dice que sí pero no profesional ¿? Por supuesto, no le hacemos caso. Tirando de todos los recursos (mapa, gps, brújula, altímetro y Julio), decidimos ir hacia el sur sin perder altura hasta llegar a la base del collado (el gps del teléfono donde llevo el mapa se había vuelto loco y no marcaba bien. Tras comprobar con el simple Geko 301 la altura y el rumbo, lo reinicio y vuelve a funcionar correctamente. Estamos a 3.330m, a tan solo 100m del collado). Este último tramo se hace por la derecha, para evitar las grietas de la izquierda. Y vaya pedazo de grieta que nos encontramos.


Finalmente, llegamos al collado y surge la duda de hacer pico o bajar directamente. La verdad es que las condiciones son muy malas y no apetece hacer pico, pero el track que llevo (ascenso desde Branca) me indica el descenso desde el mismo pico. Y lo cierto es que desde el collado no se ve nada clara la bajada, pero tampoco la subida a la cima. Reculamos un poco y vemos que más abajo, hacia el oeste, hay terreno favorable para ir a la cima. Me hace recordar que lo vi cuando me acerqué a ver la subida camino del Cevedale. Con cuidado, de uno en uno, flanqueamos un tramo bastante cargado hasta llegar a la ancha arista que sube a la cima. Seguimos subiendo hasta llegar al paso donde el track me marca el acceso al glaciar de Rosole para el descenso. Como queda muy poco para la cima, y a pesar de no ver nada, tiramos hacia arriba y hacemos cumbre. ¡Por fin Nuria hace una cima!


Quitamos rápidamente focas y empezamos el descenso. Con mucho cuidado y con el gps, buscamos el paso anterior. Es bastante evidente, pero con esa visibilidad, no sabes las cornisas y otros peligros que te puedes encontrar. Una vez allí, nos dirigimos a la derecha a coger la inclinada pala donde se aprecian antiguas huellas de subida. A partir de aquí, sólo queda seguir las huellas, con mala visibilidad y peor nieve costra. Se nos hace un poco largo el descenso (también por el cansancio y la tensión acumulada) y al final llegamos justo encima del Branca. Ya sólo queda bajar al parquin, con alguna pequeña remada incluida. Finito!

Cima desde el Cevedale

Foto (subiendo al Gran Zebrú) con el itinerario

Detalle del itinerario (camino del Cevedale)

Mapa con el itinerario

Gran Zebrú 02/04/2010

6º día de travesía por el Stelvio. La previsión meteorológica era incierta, para nada buena  pero tampoco excesivamente mala, y además llevaba nevando desde la tarde del jueves, por lo que habíamos pensado en hacer el Pale Rosse. Sin embargo, al levantarme y ver la siguiente imagen, tuve que replantearme el objetivo del día.


La mayor duda era saber el estado de la nieve, pues 2 nevadas en menos de 3 días debían haber dejado bastante cargada esa inmensa pala. A pesar de que me imaginaba la respuesta, sondeé a mis compañeros a ver si alguien se animaba, pero ninguno se apuntó (como indicaba la lógica, por otra parte).

Así las cosas, decidí ir hacia el Pale Rose con el grupo y desviarme hacia el corredor de acceso a la pala del Gran Zebrú (König Spitze) para "catar" en primera persona el estado de la nieve. Tras aprovechar la huella del grupo de catalanes hasta la cota 3.120 (1:45), me tocó abrirla hasta el corredor.

Antes de llegar a la base del corredor (derecha), ya puede verse nítidamente la cruz de la cima.

En principio, parece que ha caído menos nieve de lo esperado, pero conforme se va empinando y ganando altura, la nieve es más profunda y hace cada vez más difíciles las incontables vueltas maría. A falta de 5m para la salida del corredor, éste es tan estrecho que habría que subirlo en escalera, así que opto por descalzarme y subir a pie.

Una vez allí arriba (3470m, 3:00), puedo contemplar en todo su esplendor la inmensa pala del Gran Zebrú que le hace inconfundible viéndolo desde el Este (de norte a sur). Vista de cerca, me parece más estrecha aunque igual de empinada. También me fijo en una pareja que ha descendido del Casati y se dirigen a coger mi huella que lleva al corredor. Supongo que vienen a lo mismo que yo. 

El corredor visto desde arriba. Abajo, una pareja que viene a subirlo.

Vista de la pala hacia abajo

Vista de la pala hacia arriba


Dejo las tablas y me pongo los crampones. La idea es subir pegado a la arista de roca de la izquierda para evitar el riesgo de avalancha. A los primeros pasos ya me doy cuenta de lo duro que va a ser, ya que hace varios días que nadie lo subía y hay que abrir huella. Además, tras la nevada de hacía 2 días, habían caído 3 pequeñas avalanchas. Me hundo prácticamente hasta la entrepierna, la progresión es realmente penosa. En un momento dado intento acercarme a la arista de roca para intentar la progresión por ella, pero ni siquiera logro tocarla, pues cuanto más me acerco, más me hundo (casi hasta el cuello). Tras varios minutos intentándolo sin ganar ni 1 cm, opto por desplazarme hacia el centro de la pala, con la esperanza de encontrar menos nieve aunque con mayor riesgo de avalancha. Por suerte, con un pequeño desplazamiento lateral encuentro mejor nieve para subir. Guardo los bastones y saco el piolet que me da más confianza. Aunque hay mucha nieve, está relativamente bien cohesionada, no hay una capa mucho más dura o helada debajo. Subo por la directa pero tendiendo hacia la izquierda para ganar el pequeño hombro antes de la pala final. Han sido casi 200m y me ha costado más de 1 hora (3.655m, 4:15). Paro un momento para reajustarme los crampones y saludar a mis compañeros que ya regresan del Pale Rosse y se dirigen hacia el Pasquale. Hablamos por las emisoras y les hago señales para que me vean, pero no me ven.

Desde el hombro, la pala final, más larga de lo que parece.


En el hombro, hay un tramo bastante suave el que la nieve está más pesada, y me cuesta tanto progresar, que lo hago gateando hasta llegar a otra zona donde está venteada y no me hundo. La cruz de la cima se ve tan cerca que parece que la puedas tocar, pero lo cierto es que aún quedan casi 200m. Cómo engaña la vista, qué diferentes son estas proporciones a las de nuestros Pirineos... Mientras subo esta última pala, voy fíjándome en los diferentes pasillos de nieve que forman las rocas, decidiendo por cuál(es) de ellos voy a ir. Al llegar a ese punto, la cosa vuelve a complicarse ya que hay poca nieve sobre las rocas ocultas y es difícil clavar los crampones. Estos 80 últimos metros se me hacen interminables, haciendo tandas de 20 pasos y parando a descansar. Supongo que se notarán los casi 4.000m de esta cumbre. Voy por la derecha para evitar al máximo las rocas, pero me echo encima de una gran cornisa de la cual desconozco cómo está por el otro lado. Con mucho cuidado, hago una travesía lateral hasta la cruz de la cima, llegando finalmente tras 5:30 horas (3.851m).

Cima

Las vistas son muy buenas, pero incompletas porque la cornisa de más de 4m de altura respecto a la cruz me impide ver el espectáculo hacia el norte (por ejemplo, el Ortler). Al final, de los 2 que venían sólo está subiendo uno. Se nota que ha aprovechado mi huella, pues ha subido más rápido y ya está en el hombro

Cornisas en la cima

El bávaro en el hombro

Me vuelvo a reajustar los crampones y comienzo el descenso con mucha precaución, va a ser menos costoso pero más difícil. En lugar de ir por la misma huella de subida, me desvío un poco hacia la izquierda para evitar las rocas e intentar hacer todo el descenso inicial por nieve. De todas formas, no me fío ni un pelo y bajo de cara a la pendiente, aprovechando el gran peso de las botas que llevo para clavar las puntas con decisión. Lo cierto es que bajo cómodo, con confianza y a buen ritmo, y también con cuidado de no tirar nada al bávaro que está por debajo. Al llegar hasta él, charlamos un poco y me pregunta por el resto de la subida. Le digo que suba por donde estoy bajando para evitar la roca y le deseo suerte.

El bávaro acercándose a la cornisa


Tras dejar atrás las rocas, antes de llegar al hombro, me doy la vuelta y bajo de frente, ya que la pendiente se suaviza un poco y se clavan bien los crampones. Pasado el hombro, la pendiente se empina más y la nieve está más suelta, pero sigo bajando de frente hasta que me llevo un susto. Apenas caigo durante 2 metros y ni siquiera me ha dado tiempo a autodetenerme porque me ha parado la mochila el clavarse en la nieve, pero me vale como advertencia y vuelvo a bajar cara a la pendiente, apenas quedan 100m.

Regresando al corredor. Pueden intuirse los 2 pares de esquís.


Ya en lo alto del corredor, tras 1 hora de descenso, quito las focas (veo que el bávaro lo ha subido con cuchillas) y desciendo los 5m hasta evitar las rocas. A pesar de lo cansado que voy, consigo descender esquiando todo el corredor, donde se empieza a formar una ligera costra.

Al día siguiente, aún pueden verse las huellas en el corredor


Una vez terminado, sólo queda bajar al refugio por buena nieve al principio y costra al final. Apenas paro y llego con las piernas ardiendo. ¡Magnífico día!

Foto con el itinerario

Mapa con el itinerario

Travesía Marteller - Pizzini 01/04/2010

El 5º día de travesía por el Stelvio tocaba ascender la Cima Marmotta desde el refugio Marteller para después cruzar el Paso de Cevedale (junto al refugio Casati) y bajar a dormir a Pizzini. La previsión meteorológica es mala y se confirma. El cielo está cubierto y las nubes bajando, así que decidimos no ascender al Marmotta y hacer sólo la travesía hasta el Pizzini.

La subida remontando el glaciar de Cevedale es muy suave, casi por el mismo sitio por donde bajábamos del Cevedale el día anterior. Al principio, la visibilidad era aceptable, pero conforme nos acercábamos al paso la niebla se nos echaba encima. Un poco por inercia y otro poco por ganas de llegar, me distancio del grupo antes de llegar a Casati. La visibilidad empeora ostensiblemente, quedando reducida a ratos a menos de 30m. Además, el viento arreciaba y la sensación térmica era muy baja, por lo que era recomendable hacer una parada en el Casati para descansar y preparar el descenso.

Progresando por la Vedreta de Cevedale

Llegando a Casati

Quitamos focas en el mismo refugio para no tener que hacerlo en el mismo Paso con el viento azotando, y nos abrigamos con todo pues es probable que vayamos lentos y tengamos que utilizar el gps para encontrar el itinerario en esas condiciones de baja visibilidad. Hacemos los menos de 100m que nos separan del paso andando y nos ponemos las tablas. Bajamos con cuidado entre las rocas hasta llegar a una primera pala donde es difícil apreciar la pendiente. Aprovecho un descuido de la niebla para bajarla y ver el camino hasta el glaciar de Cedec, que está despejado de obstáculos y con buena nieve. Según vamos bajando, la visibilidad mejora y llegamos sin contratiempos a Pizzini.

Los itinerarios pueden verse en las entradas del Cevedale y Branca-Casati.

Cevedale 31/03/2010

4º día. Después de toda la noche nevando, esperábamos con ansia el buen tiempo pronosticado, pero a la hora del desayuno, nuestras ilusiones se hacían añicos, pues seguía sin haber visibilidad. Hacemos tiempo, incluso alguno se vuelve a acostar, para ver si mejoraba el panorama. Al cabo de 2 horas, otros grupos se empiezan a mover, a pesar de que no ha mejorado mucho. Pero la mejoría se confirma y aparece el sol. Somos los últimos en salir, alrededor de las 09:20, y tendremos la huella hecha.

Impresionante paisaje para empezar el día, con el Gran Zebrú al fondo.

Como, en principio, la ascensión de hoy es corta, me desvío un poco hacia el Pasquale para ver si es factible hacerlo antes sin perder mucho tiempo, pero no tardo en darme cuenta de que no va a poder ser. No estamos hablando de 1 hora, sino de más de 2, ya que hay que bajar bastante, subir a la cima, volver a bajar y volver a subir. Así que me reintegro a la huella del Cevedale.

El Pasquale camino del Cevedale


Por delante de nosotros va el grupo francés con guía, el cuarteto vasco y el numeroso grupo de catalanes. Se paran al final del plateau bajo las dos cimas, decidiendo el itinerario. Optan por ir hacia el punto más bajo (collado a la izquierda), pero veo que al que abre huella le cuesta mucho iniciar la última diagonal. Mientras me acerco, voy considerando subir por la derecha, que veo menos empinada, con la intención de alcanzar la pala final y evitar el resalte rocoso en la arista. Sin embargo, a mitad de camino me encuentro con una grieta y me doy la vuelta para subir por donde todos. Si no hubiera visto la grieta, habría continuado. De hecho, por donde subió todo el mundo, pasamos por una grieta que nadie vio, hasta que Ángel (del grupo de Pablo) cayó en ella cuando bajaba andando. No pasó del susto. No obstante, dos días después Julio me confirmó que se había abierto una nueva huella por donde yo la empecé.

Itinerario para alcanzar la arista

Jorge y Eva decidieron no subir, mientras que Nuria se quedó en el collado y no hizo la arista donde, por cierto, soplaba bastante fuerte el viento. Para superar ese resalte había que bajar por la izquierda (sur) y volver a subir para recuperar la arista. Esa zona estaba bastante cargada y había un evidente riesgo de avalancha (ya había caído alguna). De vuelta a la arista, sólo quedaba sortear a los que ya volvían.

Empezando la arista

Cevedale II o Zufallspitze

Últimos metros por la arista

Foto de cima

Bonita huella del grupo de Pablo por Cedec desde Pizzini 

De vuelta por la arista, nos empezamos a cruzar con los que subían de Marteller, y surge algún problema cuando cada uno va a su bola y sólo cabe uno en el paso, pero nada serio. Ya en la pala, mediante una diagonal me separo para no tirar nada a los que suben y me lanzo hacia abajo. Hay bastante nieve y con la mochila no voy muy cómodo, pero aún me salen algunos giros. Ya todo el grupo reunido, empezamos el gozoso descenso que nos llevará al Marteller.

Descenso hacia el Marteller
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Con el refugio ya a la vista, veo a la derecha un par de huellas de bajada muy interesantes. Erróneamente creo que vienen del Marmotta, pero en realidad vienen del Cevedale II, una bajada que Pablo me había recomendado y que tenía muy buena pinta. Con la emoción, me tiro hacia ella para remontarla, pero tras subir menos de 100m, me doy la vuelta y voy al refugio.

Itinerario visto desde el Gran Zebrú

Mapa con el itinerario

Travesía Branca - Pizzini - Casati 30/03/2010

El tercer día toca cambiar de valle y llegar al refugio más alto de la zona, el Casati. Existen 3 alternativas:
- la interesante, haciendo la travesía Palón de la Mare - Cevedale
- la socorrida, subiendo por el glaciar de Rosole y haciendo el Pasquale
- la segura, bajando hacia Forni para subir por Pizzini

Habiendo descartado la primera a priori, quedaba comprobar si podíamos hacer la segunda. Pero no pudo ser, ya que se cumplieron las previsiones y el tiempo empeoró respecto al día anterior. No obstante, algunos grupos sí subieron hacia el Pasquale; nosotros, como la mayoría de los grupos que nos dirigíamos hacia allí, optamos por la opción segura.

Bajamos por la pista hasta el desvío a Pizzini y tomamos el camino a éste. El tiempo por esas cotas bajas nos respeta y tenemos buena visibilidad, aunque en las cotas altas se ve todo con nubes bajas. Sin ninguna dificultad, llegamos a Pizzini donde coincidimos con el grupo de Pablo, que se quedan a dormir allí, y el de los catalanes, que también suben a Casati. Tras charlar un poco y tomarnos una cerveza, reemprendemos la marcha.

Hasta Casati hay 550m de desnivel, y con buena visibilidad no hay problema, pero en esas condiciones puede ser complicado el Paso de Cevedale, sobre todo si no se conoce. Una vez conocido, basta con tomar como referencia los cables del remonte que se utiliza para aprovisionar en verano al Casati, ya que termina en el mismo paso, aunque el itinerario de invierno no sigue los cables, sino que se desvía por la derecha (sur) para luego girar hacia el N por una pala bastante empinada en su tramo final, antes de sortear las rocas que salpican el Paso. El problema surge cuando no hay visibilidad que te permita ver los cables, como nos ocurrió. Afortunadamente, teníamos a los catalanes por delante, aunque también usamos el gps para confirmar que íbamos bien.

Mapa con el itinerario

Glaciar de Pasquale

Subiendo el último tramo antes de las rocas


Casati desde el Paso

Palón de la Mare 29/03/2010

El segundo día también lo íbamos a dedicar a la zona de Forni. La idea era hacer el Palón de la Mare y, si existían las condiciones adecuadas, visitar el Monte Vioz. Lo normal es hacer la travesía Palón - Cevedale y bajar a Casati o Pizzini, pero existían dudas a priori sobre si podríamos hacerla todo el grupo, así que decidimos hacerlo volviendo al Branca. Para pasar al Casati al día siguiente tendríamos la posibilidad de hacerlo subiendo por el glaciar de Rosole y hacer el Pasquale.

Salimos con el grupo de Pablo, que tenían previsto hacer la travesía por el Cevedale. Llevamos un ritmo parecido y acabamos intercalándonos los unos con los otros. Bajamos un poco desde el refugio con las focas puestas hasta el desvío que nos llevará hacia el Palón. Pocos son los que continúan bajando para hacer la P. San Matteo.

Comenzando la subida

Pablo encabeza el pelotón a un ritmo muy cómodo, lo que me permite separarme del grupo para grabar vídeos.

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Aun así, en cuanto te paras a ajustarte algo, los que vienen por detrás te sobrepasan y te tienes que quedar detrás.

Las rezagadas acaban integrándose en un grupo

Paramos para reagruparnos y subir todos juntos, mientras el grupo de Pablo continúa subiendo. Pero en cuanto la pendiente se empina un poco más, la señoritas vuelven a darnos ventaja.

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Sobre la cota 2.900 llegamos a la lengua que baja del Vioz y hacemos una parada para contemplar el hielo que asoma.
Así baja el glaciar dei Forni en su vertiente del Palón-Vioz


Subimos por el barranco de la izquierda, más suave, y bajamos por el de la derecha, más entretenido.


Al poco de empezar a subir el barranco, se me empiezan a despegar las colas de las focas, por lo que paro a poner las que llevo de repuesto, que están sin estrenar. Me fueron de maravilla, no me las quité durante el resto de la travesía.

Cambio de focas. Aprovechando las Coll-Tex rectas.


Conforme subíamos la visibilidad iba empeorando, así que me entretenía como podía...

Presionando a Jorge
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Subimos rumbo NE, y para evitar unas grietas que parten de un espolón hacia el N, poco antes del pico, tenemos que pegarnos a la izquierda, para luego girar hacia la derecha y llegar al pie de la última pala. Antes de eso, la visibilidad nos dio un respiro y pudimos ver el rosario de gente que subía por delante de nosotros. Julio contó 49 en visión directa, yo en la foto, 40.

¿Cuántos cuentas?

Los últimos 100m se hacen por un terreno mixto. En ese punto volvemos a alcanzar al grupo de Pablo. Unos suben con cuchillas, algunos se quitan las tablas para cruzar algún tramo, algunas se quedan sin subir porque no les compensa...Yo, como siempre que puedo, sin cuchillas, a pelo (de foca).

Tramo rocoso antes de la cima


Cómo es lógico, los que han subido por delante tienen que bajar. Los primeros que vemos bajan con las focas puestas e incluso sin esquís. Eso nos preocupa porque puede indicar que la cosa está complicada, aunque a simple vista no parece para tanto. Al poco rato, vemos bajar a gente esquiando con toda normalidad. Eso sí, las rocas restringen mucho el acceso y se produce alguna aglomeración.

Aglomeración
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Pasado el tramo rocoso, apenas queda recorrer la arista (que no se ve mucho, la verdad) hasta llegar a la cima. De repente, se oye gritar:"¡Cuidado con la cornisa!", al mismo tiempo que Pablo desaparece. Tras un momento de confusión, lo vuelvo a ver.

Rescate en la cornisa
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Tras el susto, continuamos con cuidado los pocos metros que quedan, casi llanos. La mayoría de la gente no sube hasta el palo que hay en la cima (3.703m) y se queda en una zona más llana y segura.

Foto de cima (detrás, el "palito" que no palón)

Quitando focas un poco más abajo de la cima.

Ante las condiciones de visibilidad tan mala, el grupo de Pablo decide no hacer la travesía al Cevedale y bajar por el mismo sitio. Parece que muchos grupos iban a hacerla y han tomado la misma decisión. La verdad es que si no te lo conoces muy bien, es lo más correcto.

Empezamos el descenso con mucha cautela en el tramo superior de la arista, porque hay cornisas a ambos lados y no se ven muy bien. Al llegar al tramo rocoso, se ve mejor y hay menos gente, pero tenemos que descalzarnos un paso casi al acabarlo. Después de esto, nos reunimos con Jorge, Nuria y Eva que nos esperaban allí. Bajamos despacio entre la niebla, intentando no separarnos mucho y buscando la huella para evitar las grietas de la izquierda. Según bajamos, la visibilidad mejora levemente y la nieve está muy buena, por lo que disfrutamos por momentos.

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Antes de llegar al valle principal, nos encontramos con dos barrancos. Elegimos el de la izquierda que sólo tiene huella de bajada y muy buena pinta. Buena elección. Después, sólo queda seguir la huella de subida que nos lleva hasta el refugio.

Mapa con el itinerario

Punta San Matteo 28/03/2010

Tras pasar la noche en el refugio de Forni, desayunamos abundantemente antes de prepararnos todas las cosas para iniciar la travesía hacia el Branca. Mi pequeña excursión de la tarde anterior del Forni al Branca, en lugar de agilizar la marcha, hizo que confundiera al grupo y llegáramos a la Malga dei Forni en lugar de al refugio (tuve un lapsus en la relación espacio/tiempo). Total, que entre llegar al Branca, dejar las cosas y prepararnos para subir a la P. San Matteo, ya eran las 12:00.

Preparándonos en el Forni

Desvío al Branca

Empezamos bajando hacia el lago di Rosole, continuando con un pequeño sube-baja hasta llegar a la vertiente este de l'Isola Persa. En ese punto, empezamos a plantearnos una hora límite para volver al refugio, ya que las nubes van ganando terreno al sol. Ante la disparidad de criterios, decido ir hacia adelante para intentar hacer cima a las 16:00. 

Bajando del Branca

Cara norte de la P. San Matteo

Vemos numerosos grupos que descienden de la cima disfrutando a tope de la buena nieve. Sigo subiendo contorneando esa isla rocosa hacia el sur hasta poder girar hacia el oeste justo enfrente del muro de hielo que asoma del glaciar. 

Puro hielo glaciar

En ese punto, donde la pendiente se empina más, baja el último grupo que había subido. Hacen una parada a unas decenas de metros de mí y les oigo hablar en español. Pero hay una voz que me resulta muy familiar:"¿Pablo?". Sí, es Pablo, el que siempre anda subiendo a Gallinero antes de que abran las pistas y con el que en tantas ocasiones me he encontrado en Cerler. Ya es casualidad que nos volvamos a encontrar en mitad de una pala a tantos kms de casa, aunque lo cierto es que a veces ocurre en estas fechas en que los españoles invadimos los Alpes. Se acercan a mi posición y durante 10' comentamos la subida y los planes para estos días. Me dicen que no han subido porque no lo veían claro (tema huella borrada y alguna grieta), pero como tengo tiempo y me siento con ganas, continúo. 

Afloramiento del hielo. Un poco más arriba había un paso seguro.

No sin alguna dificultad, encuentro un paso de nieve en un afloramiento del hielo glaciar que me permite llegar al plateau entre la Punta San Mateo y el Monte Giumella. Este último parece cerca y tiene una silueta atractiva, pero se está haciendo tarde y la visibilidad está empeorando a ratos. 

Monte Giumella

Tras un nuevo giro a la derecha (oeste), llego cerca de una antecima donde tomo la arista final, hasta llegar a la cruz en la cima (3.678m a las 16:15) con las tablas puestas, sin ninguna dificultad. En ese momento tengo la suerte de que se despeje el cielo y puedo contemplar las vistas, sorprendiéndome la fuerta caída que tiene este pico hacia el noroeste. Tras contactar con mis compañeros, que ya están en el refugio, comienzo el descenso.

Cruz en la cima. Al fondo, la Pedranzini y el Tresero.

La primera parte tiene la nieve dura y hay mala visibilidad (no se ve el relieve), por lo que necesito mirar el gps para encontrar el paso clave que me lleva por la huella de subida, y así no dirigirme directamente hacia la muralla de hielo. Tras encontrar la huella, la nieve mejora y cada vez se puede esquiar mejor, a pesar de que está todo lleno de huellas de bajada con enormes surcos. Tras buscar un poco, consigo enlazar 3 bajadas por nieve casi intacta y de muy buena calidad, dejándome un buen sabor de boca. Poco después toca volver a poner focas para subir hasta el refugio.

Itinerario recién nevado visto desde el Cevedale

Mapa con el itinerario